El Apple Watch se ha convertido en el estándar de facto de los smartwatches. Salvo el Galaxy Watch o el OnePlus, son muy pocos los modelos que pueden competir con el lujo, la utilidad y las características que el Apple Watch ofrece a sus compradores. Sin embargo, en lo que a nombre se refiere, el Apple Watch parece ser la excepción, dado los productos de Apple siempre han llevado inequívocamente la identificación estándar «i-«delante del nombre. ¿Por qué esta diferenciación con el Apple Watch? 

Rompiendo con la tradición

Créditos: Apple Explained

En una entrevista con David Rubenstein, se le preguntó a Tim Cook, el CEO de Apple, por qué Apple había hecho tal excepción a su característica nomenclatura. Su respuesta, sin embargo, fue poco específica, y afirmó que simplemente prefería ese nombre a “iWatch”. 

Con el paso de los años, una cosa ha quedado clara, y es que Apple dedica muchísima atención a todos y cada uno de los detalles de sus productos. En consonancia con las ideas de la mente principal de Apple, Steve Jobs, se han dedicado miles de horas a perfeccionar los matices de cada uno de los productos que la empresa ha lanzado al mercado.

Por este mismo motivo, resulta obvio que debe haber algo más en la historia detrás de la denominación del Apple Watch, aparte de ser una simple preferencia personal de Tim Cook. 

Problemas de derechos de autor

Durante la primera etapa de desarrollo del Apple Watch original, Apple se encontró con algunos problemas legales a la hora de registrar el producto en todas las regiones, puesto que algunas empresas ya habían registrado el nombre iWatch en diferentes lugares del mundo.

Por ejemplo, en Estados Unidos, el nombre era propiedad de OMG Electronics; en la Unión Europea, era Probendi la propietaria del nombre; y en China, una empresa de nombre desconocido se había hecho con el nombre hacía bastante tiempo. Así que, para hacerse con el nombre, Apple habría tenido que enfrentarse a carísimas disputas solo para poder utilizarlo.

Sorprende que esta no fuera la solución elegida, ya que Apple es conocida por sus disputas millonarias en cuanto a marcas registradas. El nombre iPhone, por ejemplo,ya había sido registrado por Cisco antes del lanzamiento del producto de Apple. Esto llevó a la marca a pagar a Cisco una cantidad de dinero desconocida para poder resolver el caso sin tener que enfrentarse en un juicio formal. El el caso de iPad, el nombre ya estaba registrado en China por la empresa Proview, y Apple tuvo que desembolsar 60 millones de dólares para poder utilizar el nombre como marca en esa misma región.

El punto de inflexión

Tras estos casos quedó claro que algunas empresas estaban adelantándose a Apple. Anticipaban los nombres de futuros productos y los registraban en sus respectivas regiones para así tener la oportunidad de que Apple les pagara millones de dólares por adquirir estos nombres.

El problema se extendió de tal forma que, en 2010, Apple se decidió a registrar el prefijo “i” para poder reclamar legalmente cualquier producto que tuviera una i al principio de su nombre. Sin embargo, el tribunal falló en contra afirmando que ninguna empresa podía ser dueña de la letra i.

Así, Apple no tuvo más opción que utilizar un nombre para el que ya tenía una marca registrada, Apple. Sin embargo, no era la primera vez que Apple se veía obligada a cambiar el nombre de su producto. Por ejemplo, Apple TV se había presentado originalmente como iTv en 2006 por Steve Jobs. Sin embargo, tras perder una demanda contra una empresa de radiodifusión británica llamada itv, la empresa tuvo que conformarse finalmente con utilizar la denominación Apple TV.

La era de los nuevos nombres

Tras una mala racha desembolsando millones de dólares para conseguir sus nombres preferidos, Apple decidió abandonar esta estrategia y decantarse por la marca “Apple Watch” en lugar de “iWatch”. Sin embargo, aunque a Tim Cook le gustara más cómo sonaba, es bastante evidente que la tradición se rompió por necesidad y no por preferencia.

Resulta curioso observar que, con el paso del tiempo, Apple parece haberse desviado aún más de su icónico estilo de nomenclatura al introducir productos como los AirTags y los AirPods, que desisten por completo de la forma en que se solían denominar los productos en el pasado. 

En nuestra opinión, esto se debe a dos motivos esenciales: el primero, que Apple está tratando de introducir nuevos nombres para evitar demandas y posibles disputas de marcas registradas; y el segundo, que la empresa intenta alejarse de sus políticas y nomenclaturas estrictas para favorecer una línea de productos más versátil y con nombres más apropiados que reflejen las numerosas innovaciones y reformas que ha experimentado la empresa en la última década.

En resumen, no se ha tratado de una mala decisión. Al fin y al cabo, el Apple Watch es el reloj inteligente más popular del mundo, del que cada año se venden millones de unidades. De hecho, se ha convertido en un pionero de la industria, gracias su sistema operativo propio, el WatchOS, la solución más actualizada y consistente hasta la fecha.

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Compré mi primer smartwatch en 2018 y desde entonces, siempre llevo uno puesto. A veces puede resultar frustrante recibir 100 notificaciones al día; por eso, es esencial que aprendamos a sacarles el mejor partido y a cómo utilizarlos para mejorar nuestro día a día, no al revés. Escribo sobre los smartwatches más recientes, creo una selección de favoritos y escribo guías útiles en las que explico los aspectos complicados de forma sencilla.